Llegaste a mi vida y, de pronto, todo el desorden que llevaba por dentro se calmó. No hizo falta que el mundo entero cambiara, porque tú transformaste el mío con solo mirarme.
Eres esa luz serena que ilumina mis días, la paz que tanto le pedía a la vida sin saber que venía escondida en tu sonrisa. Dios te creó con una delicadeza increíble; puso en tus ojos una ternura que a veces me desarma y, en tu esencia, una magia tan tuya que es inevitable querer cuidarte siempre.
Eres mi refugio, mi lugar seguro y alguien que, sin darte cuenta, se ha vuelto mucho más importante de lo que te digo. Por eso, aunque a veces me falten las palabras, quiero que lo sepas: eres mi lugar favorito y el regalo más bonito que la vida me dio.